sábado, noviembre 18, 2006

De plumas y magos

Tenía la maldita manía de recordar y tener pesadillas todas las noches, cuando lograba dormir. A veces sólo soñaba, pero soñaba con palomas, cada noche, como si fueran una sola pero interminable. Todas las noches como una sola, como un perro que se persigue la cola.

Ese día me levanté a las siete, un poco más tarde que lo habitual y un poco más adormilado aún. Creo que desperté de un sueño, aunque rara vez sueño porque no logro dormirme hasta que me arrullan las palomas de las cuatro de la mañana, endemoniados pájaros madrugadores que algún día terminaré de matar.

(Son las tres y cincuenta, ¿para qué me despiertas? Cada día quiero despertarme más temprano. ¿Para qué? Para que Jacques Flambeaux pueda dormir).

Me había levantado a las siete, un poco tarde, pero no tanto porque los pajaritos no comenzaban a cantar al menos hacia las cuatro de la mañana. Me vestí a oscuras e hice el desayuno, cogí las porciones de las palomas y les di de comer. Palomas. Blancas, negras y plomas. Las dejé salir un rato de las jaulas, para que estiraran las patitas y ellas comenzaron a caminar por el cuarto, luego vuelven a sus jaulas y comen. Estúpidas.

(Muévete, muévete, muévete, ¿acaso no sabes que te engordan para morir? No me importa comer, al menos no moriré devorada. Formo parte de una raza sagrada destinada a las fauces de la eternidad. ¡Te engordan para morir! No es así, hija-hermana, me engordan para durar).

Decidí abrirles la ventana.

(¿De qué color es el cielo, madre-hermana? No lo sé, yo nací entre rejas, todas hemos nacido entre rejas, menos las plomas. Creo que sé volar, pero ¿para qué? Cada vez que se abre la ventana ninguna escapa. En su lugar, a veces otras palomas entran. Así fue como aparecieron las plomas, ellas sí vuelan, o al menos recuerdan cómo volar).

Palomas tontas, pichones inútiles –dije en voz alta. Me consolaba la idea de que la nuestra sería una lucha justa, por eso dejaba abierta la ventana. Las miraba devorar el grano, se empujaban unas a otras, las plomas, gordas; las negras, casi todas manchadas; las blancas, las más estúpidas de todas, quizá por eso representaban la paz.

Esta noche, creo que esta noche serán las blancas –pensé. Las plomas engordan mucho, quizá también algunas negras.

****


Nos emocionaba la idea de ir al circo, mamá nos recogió a las seis de la casa y llegamos pronto. Nos sentamos en la gradería y esperamos que llegara el turno del grandioso mago Jacques. Esa noche, mis hermanos y yo veríamos el acto del que hablaban todos los demás niños: Jacques haría desaparecer una paloma de entre sus manos. Todos decían que era un mago de verdad, que todos los demás eran tan sólo una imitación, pero éste era el verdadero. Además, no sólo hacía desaparecer una sola, como a principios de Julio, ahora que terminaba Agosto, el mago no se conformaba con desaparecer menos de 3 palomas durante todo su acto, que era seguido por un estallido de algarabía y aplausos.

Ya es su turno, Jacques sale al escenario, con su traje de tuxedo negro y su corbata de michi, su sombrero en copa alta y los zapatos brillantes. Y el pañuelo azul que baila y que toda la gradería observa, como si fuera una danza, el pañuelo una bailarina.

(Esta noche es nuestra noche, hija-hermana, hemos sido las elegidas: nos parecemos mucho. Pero no solo nosotras, no estaremos solas en nuestro viaje hacia la eternidad).

De pronto el pañuelo se detiene en medio del aire y vemos que toma forma con la mano de Jacques debajo. Una paloma blanca, muy blanca sale debajo y no se escapa de la mano del mago, como hechizada, agita las alas pero no se mueve ni alza vuelo. El pañuelo comienza a bailar rápidamente cada vez más, la paloma y el pañuelo danzan y Jacques da vueltas también. Cubre su rostro con el pañuelo y da vueltas. Cubre a la paloma y da vueltas. Hace un movimiento de brazos y ya no está ¡La paloma desapareció, se desvaneció en el aire!

Una mirada de triunfo y el mago enseña el pañuelo, por ningún lado vemos a la paloma. ¡El sombrero, gritamos, el sombrero! El mago se quita el sombrero y nos lo muestra, nada. Los guantes, los guantes. No está, el mago nos enseña las manos limpias.

Entonces cuando todos ya estamos impacientes por saber de la paloma Jacques empieza a darle forma a su pañuelo, con su mano debajo empieza a agitarlo y agitarlo. Dice las palabras mágicas, cuatro o cinco, saca el pañuelo y allí está, la paloma blanca comienza a volar y se pierde por todo el circo. En los aplausos, todos se olvidan de ella y sólo miran al mago que hace reverencias una y otra vez.

La paloma volvería a la jaula de Jacques por sí sola horas más tarde.

****


(Canten hermanas, canten, para que duerma Jacques Flambeaux. Canten, hermanas, canten).
Un fuego consumía a Jacques en sueños, y un hambre insospechada lo despertó esta vez a las seis.

2 Comments:

Anonymous Anónimo said...

El texto está muy escrito. Nos hace soñar. Te felicito por escribir tan bien.
Isabel

mar feb. 12, 07:50:00 p. m. PET  
Blogger Marco said...

Vaya, gracias :)

mié feb. 13, 06:43:00 a. m. PET  

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